Paraisos...

 El arriado vuelo de los pájaros anuncia el llanto de los ángeles cuando la maza dicta sentencia, el silencio corta el aire y el miedo lo enfría por momentos, la llama de una vela insinúa un desamor enamorado que no deja huecos para flechas y aletarga el sentimiento en el profundo refugio de lo prohibido, incontroláblemente deseado al igual que todo lo prohibido. El desgaste vital por la erosiva mala gestión de cualidades origina un estado de sitio, donde la guardia que debiera proteger el camino se alía con el invasor que escapó de su exilio.
 El vacío se rellena con recuerdos desordenados que le ganan la partida al olvido.
 A veces, olvido que intento olvidarte, y te vuelvo a recordar. entonces me acuerdo del olvido y vuelvo a intentarte olvidar.
 La eterna condena de un pecado que expiró dejando una estela de piedras tan pesadas como el pecado en si mismo. Los aullidos ensordecedores que produce la implosión  se declaran mudos ante la validez del fallo. Que así sea si a de serlo, sinó... que sea como debe ser.
Las constantes e imprecisas pedaleadas hacia la salvación pasan por alto el paisaje, a veces de unos tonos verdes y azul intensos, grises y opacos en en otras ocasiones. Mas paisajes vividos y menos paraísos perseguidos.

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