Acostumbrado a lidiar en la cuerda floja y escalar a lo mas alto de la locura, llegué hasta la luna y me tiré de cabeza. Esquivando agujeros negros y cargando el bulto de polvo de estrellas aterrizo preparado para encajar el peor veredicto envuelto en una toga.
Como disparos de silencio, el eco de los ángeles alcanzan mi mente expandiéndose por cada recoveco haciéndome sentir arropado. Libre de miedos la sentencia adopta una posición satisfactoria, factible para la ofensa perpetrada.
Las teorias elucubradas ya no tienen importáncia. De nuevo una estrella me alumbra entre tinieblas e indica una salida, un nuevo punto de partida.
Mi lucha con los fantasmas del pasado debe llegar a su fin, sinónimos de vidas antagónicas. Tal vez debiera ir a un taller a pedir prestada alguna herramienta que me ayude en la victoria
¿Justicia o suerte?, ¿corazón o mente?, ¿casualidad o coincidencia?
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