Minimizado el espacio de movimiento y aumentada la fuerza gravitatoria, la expansión exponencial del poder que reside en el epicentro de la causa se reduce a un solo pensamiento que da vida a cualquier movimiento programado por defecto. Observando de soslayo, el miedo a la derrota no equipara la ambición de victoria, capricho de una mente enferma que sustituye destinos paradisiacos por lúgubres senderos donde transitar libremente sin juicios de un público sumiso y subordinado de una verdad hipócrita. Una época de miedo que el poderoso utiliza para doblegar al débil, una máscara escondida tras un muro de hostilidad. La transición entre ciclos, carente de estímulos, deja emerger demonios que cada vez son mas difícil encadenar. No obstante, la perpetua presencia de un alma guerrera experta en renacer de sus derrotas no claudica.