El ayuno de palabras somete de nuevo a examen a mi muñeca derecha. Como siempre, la desinformación es mi enemiga y la paciencia mi arma, el amor es mi pecado y la soledad mi penitencia, la constancia sera mi empresa y el sacrificio mi cántico, la humildad mi filosofía y el camino mi recompensa.

Corre

El cerebro pasado de vueltas, alcanza una temperatura que hace malavares en la frontera de la bullicion. Por momentos la idea de destrozar todo alrededor alumbra los impulsos y ciega la razón mientras se ata unos cordones. No pienses, no mires atrás, sólo corre, corre hasta que no veas un punto más alto y encuentra la paz, La paz que sólo allí encontrarás.
Tras la oscura cortina, una corona rota pide ayuda en silencio. La conquista de su reino deja a sus fieles sin castillo, a su pueblo sin tierra pero, reacios a la retirada, transitando sigilosos entre tinieblas, perciben las señales de humo de la gran olla a presión. Siempre dispuestos a emprender el desafío. Acostumbrados a lidiar con imperios no importa cuán grande sea el enemigo.
Mientras tanto, en tierras de un clan lejano, con todas las cartas sobre la mesa, se acuerda un pacto vinculante. El aroma es familiar pero todo es nuevo, es hora de alejarse sin huir del pasado que aún arde en el glaciar.