Tras la oscura cortina, una corona rota pide ayuda en silencio. La conquista de su reino deja a sus fieles sin castillo, a su pueblo sin tierra pero, reacios a la retirada, transitando sigilosos entre tinieblas, perciben las señales de humo de la gran olla a presión. Siempre dispuestos a emprender el desafío. Acostumbrados a lidiar con imperios no importa cuán grande sea el enemigo.
Mientras tanto, en tierras de un clan lejano, con todas las cartas sobre la mesa, se acuerda un pacto vinculante. El aroma es familiar pero todo es nuevo, es hora de alejarse sin huir del pasado que aún arde en el glaciar.
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