Son las fiestas de mi barrio, el buffet libre mas conocido de la zona acoge esta noche un grupo ya disuelto que se reúne para ocasiones especiales.
Es tarde, el abundante tráfico de borrachos es corriente en la calle por estas fechas, el grupo inicial se divide en diferentes minigrupos que pasean entre la multitud.
Se aprecia un aroma a soberbia y poder en el ambiente, una mezcla poco favorable para la ocasión.
Algo no va bien, se escuchan gritos y lamentos, al girar la esquina, la escena que contemplan mis ojos vidriosos es comparable a la de una película de clanes vikingos luchando por el territorio.
En milésimas de segundo un hermano cae a plomo sobre el asfalto, sus ojos en blanco, su cuerpo inmóvil, su rostro palidecido contrasta con el charco rojo que se derrama en la calzada...la bestia se despierta, el cortocircuito en la placa base de un cerebro provoca el apagón de la cordura, cuerdas vocales descargan improperios que resuenan como aullidos de un lobo rabioso que no conoce, que no atiende a razones, su manada trata de calmarlo pero, ya es demasiado tarde, ya no hay vuelta atrás.
La batalla se convierte en una carnicería, no hay piedad, el caos impide la percepción de la llegada del clan militar que necesita de todo su efectivo para reducir a la bestia, que sigue retorciendose de rabia.
-Tranquilo, tu amigo está bien.
La bestia llace aturdida y es depositada en el carro blindado.
Esta noche dormirá caliente.
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