Desde pequeños nos educan bajo la atenta mirada de una sociedad basada en el dinero, el poder y la sumisión. Creando estereotipos y tachándote de "pariah" si tu camino se desvía un ápice de lo establecido como políticamente correcto.
 Nos matriculan en colegios a temprana edad con la finalidad de una vez cursados los estudios pertinentes conseguir un empleo solvente que te proporcione la mayor cantidad de dinero posible para construir una familia y encadenarte a cuarenta años de hipoteca que acabarán por hacerse cargo nuestros predecesores ya que llegado el momento, probablemente no haya efectivo en las arcas del estado para nuestra paga de jubilación.
 Siempre me he caracterizado por ser una persona al que no le gustan demasiado las normas, y en muchas ocasiones mi rebeldía me ha ocasionado consecuencias desagradables...desde mi etapa de presunto estudiante donde mi mayor escuela fue la de la calle...como cuando me presté al servicio militar, que aunque me destinaran muy cerca de casa,mi conducta hizo que fuera el nombre mas repetido en el tablón de arrestados.
 Más tarde me lancé al mercado laboral donde encontré un universo paralelo en el que me sentía cómodo, un ambiente similar al de una batalla.
 Hoy, a mis treinta y cuatro años me arrepiento de no haber compaginado mi rebeldía con la ampliación de mi sabiduría pero, aunque lleve unos años de retraso en este aspecto, "nunca es tarde si la dicha es buena", y llegado este punto, creo que he aprendido la lección pero....

"sigo sin someterme al sistema"...













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