Donde quedo aquel auto-destierro en el que la manada escondía cualquier indicio de paradero, respetando un letargo voluntario donde su única presencia era suficiente compañía para rearmar la resquebrajada estructura que se tambaleaba por los impactos recibidos, protegiendo al herido y exhausto lobezno de carroñeros deseosos de tarascar una evidente presa.
 Los problemas acentúan las carencias de una vida llena de alegrías que quedan pisoteadas por cientos de tropiezos, retinas que no reaccionan al maravilloso paisaje que brinda el camino y tímpanos sordos que ansían escuchar historias sin final.
 La falta de información, la falta de comunicación invita a suponer, a dar por hecho, empuja a tomar decisiones a menudo erróneas e ineficaces tan solo por no tener el valor de saber la verdad, una dolorosa verdad que aproxima mi ángel entre sus alas.
 El lobezno cicatrizado hasta las entrañas emerge de nuevo de las puertas del mismo infierno.

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